Judith Butler y el miedo al género: cuando una palabra se convierte en campo de batalla político

Judith Butler volvió al centro del debate filosófico contemporáneo con Who’s Afraid of Gender?, publicado en 2024, una obra donde analiza cómo la palabra “género” ha sido transformada en una especie de fantasma político por movimientos reaccionarios, religiosos, autoritarios y conservadores. La propia presentación editorial del libro lo describe como una intervención sobre cómo el miedo al género alimenta políticas reaccionarias alrededor del mundo.

FILÓSOFOS VIGENTES

8/9/20262 min read

La importancia de Butler no está solamente en haber sido una figura central de la teoría de la performatividad desde Gender Trouble. Su vigencia actual consiste en haber entendido que el género dejó de ser un asunto exclusivamente académico o identitario para convertirse en una zona de disputa global. Allí se cruzan el cuerpo, la ley, la religión, el Estado, la educación, la familia, el feminismo, las derechas radicales, las políticas trans, el miedo a la pérdida de orden y la ansiedad contemporánea frente a la transformación social.

Lo filosóficamente fuerte de Butler es que no trata el género como una simple etiqueta subjetiva. Lo piensa como una estructura normativa: un campo donde la sociedad regula qué cuerpos son inteligibles, qué vidas son vivibles, qué deseos son tolerados y qué formas de existencia son expulsadas de lo reconocible. El conflicto no es solo semántico. No se pelea por una palabra; se pelea por el derecho de ciertos cuerpos a aparecer sin miedo.

Por eso el miedo al género es una categoría política. Quienes agitan ese miedo no siempre están discutiendo con argumentos filosóficos. Muchas veces convierten “género” en símbolo de desorden, amenaza civilizatoria, destrucción de la familia, pérdida de autoridad, confusión moral o colapso de la naturaleza. Butler detecta allí una operación clásica del poder: fabricar un enemigo abstracto para ordenar afectos sociales dispersos. El miedo económico, el miedo demográfico, el miedo religioso, el miedo sexual y el miedo al futuro se condensan en una palabra.

El aporte de Butler es incómodo porque obliga a preguntar qué hay detrás de esa reacción. ¿Qué se defiende realmente cuando se dice que se defiende la naturaleza? ¿Qué orden social se protege cuando se invoca la familia? ¿Qué cuerpos quedan expuestos cuando el Estado decide legislar desde el pánico moral? ¿Quién gana políticamente cuando una población aprende a temer a minorías vulnerables?

Butler sigue vigente porque toca el punto exacto donde la filosofía deja de ser comentario académico y entra en la vida concreta. La pregunta no es solo qué es el género, sino quién puede vivir sin ser perseguido por la forma en que encarna su cuerpo, su deseo o su identidad. En ese sentido, Butler no escribe solamente sobre género. Escribe sobre reconocimiento, violencia, duelo, libertad y posibilidad de habitar el mundo.

La gran tesis de este artículo podría ser esta: el miedo al género no es miedo al género; es miedo a que la vida humana deje de obedecer formas rígidas de poder. Butler sigue siendo necesaria porque recuerda que ninguna sociedad es libre si necesita fabricar cuerpos imposibles para sentirse ordenada.

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