Un científico venezolano propone MINERVA-CI, un nuevo modelo para medir la inteligencia más allá del coeficiente intelectual tradicional

El médico, filósofo e investigador Miguel Antonio Romero Hernández desarrolla una propuesta neurocientífica que busca evaluar la inteligencia como razonamiento, adaptación, conducta y toma de decisiones en contextos reales.

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7/5/20266 min read

La inteligencia humana ha sido medida durante décadas a través de pruebas estandarizadas que reducen una de las capacidades más complejas del ser humano a puntuaciones comparables, escalas psicométricas y perfiles de rendimiento cognitivo. Sin embargo, para el médico, filósofo e investigador venezolano Miguel Antonio Romero Hernández, esa forma de medición, aunque útil en determinados contextos clínicos y educativos, resulta insuficiente para comprender la inteligencia en toda su amplitud.

Desde esa inquietud nace MINERVA-CI, una propuesta de modelo neurocientífico orientada a actualizar la evaluación del coeficiente intelectual. El proyecto busca estudiar la inteligencia no solo como capacidad lógica, verbal o espacial, sino como una integración entre razonamiento, velocidad adaptativa, flexibilidad cognitiva, toma de decisiones, conducta inteligente y respuesta funcional ante escenarios complejos.

Romero Hernández, médico cirujano formado en la Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda y con trayectoria en filosofía, neurociencia y estudios sobre inteligencia, plantea que el problema no está en negar la utilidad histórica de los test clásicos, sino en reconocer sus límites. La inteligencia, sostiene, no puede ser entendida únicamente como una cifra ni como el resultado de tareas aisladas bajo condiciones controladas.

“Una persona puede resolver problemas abstractos, pero la inteligencia también aparece cuando debe adaptarse a una situación nueva, reorganizar una respuesta bajo presión, tomar decisiones con información incompleta o actuar con juicio ante un problema real”, ha señalado en distintas presentaciones de su línea de trabajo.

MINERVA-CI parte de una pregunta central: ¿qué estamos dejando por fuera cuando medimos la inteligencia solo como rendimiento psicométrico? La respuesta, según la propuesta, obliga a incorporar dimensiones que habitualmente quedan en los márgenes de las pruebas convencionales: la conducta adaptativa, la creatividad funcional, la velocidad para modificar estrategias, la integración emocional y ejecutiva, y la capacidad de responder inteligentemente ante contextos cambiantes.

El proyecto no se presenta como una prueba cerrada ni como un producto comercial definitivo. Su valor principal está en formular una línea de investigación en desarrollo, con base neurocientífica y filosófica, que busca abrir una discusión sobre el futuro de la evaluación cognitiva. En ese sentido, MINERVA-CI se ubica en el cruce entre la neurociencia, la filosofía de la mente, la psicometría y la teoría contemporánea de la inteligencia.

La propuesta también dialoga con una preocupación histórica: la dificultad de definir qué es realmente la inteligencia. A pesar de los avances en psicología, neurociencia y educación, no existe una definición única y universalmente aceptada del concepto. Las pruebas de inteligencia han permitido establecer parámetros útiles para la clínica y la investigación, pero muchas veces dejan fuera aspectos decisivos del comportamiento humano inteligente.

Romero Hernández ha insistido en que la inteligencia no debe pensarse como una propiedad fija, sino como una función dinámica. Bajo esta perspectiva, una evaluación más completa debería observar cómo una persona razona, aprende, se adapta, corrige errores, decide, organiza información y responde ante condiciones de incertidumbre. MINERVA-CI intenta construir un marco para estudiar precisamente esa dimensión activa de la inteligencia.

A esta línea se suma una producción académica amplia, en la que Romero Hernández ostenta alrededor de 38 artículos publicados en revistas sistemáticas, indexadas y sometidas a procesos de revisión por pares, incluyendo evaluaciones de doble ciego y trabajos desarrollados con una metodología propia, de carácter atípico y crítico, revistas de alto impacto, en suma. Entre esos estudios destaca su investigación Revisión sistemática al diagnóstico de las altas capacidades intelectuales: Incongruencias en la evaluación clínica, publicada en Revista Pensamiento Transformacional, vol. 1, núm. 3, pp. 165–173, donde abordó el problema de las altas capacidades intelectuales y las inconsistencias de su evaluación clínica. En esa línea, observó incongruencias relevantes entre la etiqueta diagnóstica inicial y la evolución funcional de los sujetos. Según el investigador, varios de estos jóvenes presentaban repertorios conductuales de aprendizaje acelerado —como avanzar rápidamente de grado escolar, iniciar estudios universitarios o cursar programas de alta exigencia a edades tempranas—, pero posteriormente mostraban descensos en la curva de éxito, dificultades adaptativas y resultados vitales que no correspondían con la promesa inicial del diagnóstico. Esta observación abre una pregunta incómoda: si las llamadas altas capacidades intelectuales expresan una inteligencia superior, ¿por qué en algunos casos no se traducen en mejor adaptación, resolución de problemas o desempeño sostenido en la vida real? Desde esa perspectiva, Romero Hernández cuestiona también el uso acrítico de ciertas etiquetas como “neurodivergencia”, cuando estas pueden ocultar repertorios conductuales específicos que no necesariamente constituyen una forma superior de inteligencia. Para el autor, un CI de 132 o 140 pierde fuerza explicativa si la persona no logra resolver problemas concretos de interacción, inhibición, toma de decisiones, adaptación social o ejecución práctica. Esta crítica aparece también en Revisión sistemática al concepto de inteligencia: Sesgos cognitivos y carga de la prueba en sus mediciones, publicada en RPT y replicada en repositorios científicos como Dialnet, Latindex y Europa Index, vol. 2, núm. 4, pp. 86–94, donde examinó los límites de las pruebas de CI, los sesgos cognitivos y la exigencia metodológica que deben enfrentar los instrumentos psicométricos para demostrar que realmente miden la inteligencia de manera integral. A ello se suma ¿Qué es realmente la inteligencia? Una revisión sistemática, publicada en la misma revista, vol. 2, núm. 7, pp. 119–127, donde planteó el problema conceptual de la inteligencia, su falta de definición unificada y la tensión entre modelos psicométricos, enfoques multidimensionales, crítica cultural y avances neurocientíficos. En diálogo crítico con teorías como las inteligencias múltiples de Howard Gardner y con aproximaciones sociológicas como las de Erving Goffman sobre la puesta en escena de la conducta, Romero Hernández sostiene que la inteligencia debe comprenderse como una capacidad general de organización, adaptación y resolución efectiva de problemas. No se trata solo de puntuar alto en una prueba, sino de transformar recursos cognitivos en acción inteligente.

El nombre del proyecto no es casual. Minerva, diosa romana de la sabiduría, remite a una tradición antigua en la que el conocimiento no estaba separado de la prudencia, la virtud ni la acción. Para Romero Hernández, esa referencia permite recuperar una idea amplia de inteligencia: no solo saber responder correctamente, sino saber actuar de manera adecuada frente a la realidad.

Su trayectoria combina medicina, filosofía e investigación neurocientífica. En 2017 publicó el libro Diferenciando al superhombre, donde abordó una tesis aristotélica de la virtud como respuesta crítica a la figura nietzscheana del superhombre. Años después, esa preocupación por la conducta, la excelencia humana y la racionalidad práctica terminó convergiendo con sus investigaciones sobre inteligencia.

Durante su estancia en Alemania, Romero Hernández desarrolló parte de su trabajo académico sobre inteligencia y sostuvo actividades de discusión filosófica e investigación en torno a autores como Andrés Bello, Mario Bunge, Alexander von Humboldt y Goethe. También ha trabajado en la articulación entre neurociencia, filosofía y clínica, con especial interés en los modos en que la inteligencia puede ser evaluada más allá de los formatos tradicionales.

La dimensión venezolana del proyecto tiene un peso particular. MINERVA-CI no surge desde un gran laboratorio consolidado ni desde una institución con amplios recursos, sino desde una trayectoria marcada por la migración, la investigación independiente, la medicina, la docencia, la filosofía y el regreso al país. En ese contexto, la propuesta adquiere también un valor simbólico: pensar desde Venezuela una herramienta científica capaz de dialogar con problemas internacionales de la evaluación cognitiva.

El investigador ha señalado que su objetivo no es reemplazar de manera simplista instrumentos reconocidos, sino contribuir a una discusión necesaria: cómo medir mejor la inteligencia humana en el siglo XXI. Esto implica revisar la dependencia excesiva de ciertos indicadores, cuestionar reduccionismos y abrir espacio a modelos que integren cognición, conducta, adaptación y contexto.

MINERVA-CI propone, en síntesis, una idea exigente: la inteligencia no se agota en la respuesta correcta. También se expresa en la forma de enfrentar lo inesperado, en la velocidad para reorganizar el pensamiento, en la capacidad de decidir bajo presión y en el modo en que una persona transforma información en acción inteligente.

En tiempos en que la inteligencia artificial ha obligado a replantear qué significa razonar, aprender y resolver problemas, investigaciones como MINERVA-CI devuelven la pregunta al campo humano. ¿Qué hace inteligente a una persona? ¿La memoria? ¿La rapidez? ¿La lógica? ¿La creatividad? ¿La adaptación? ¿La conducta? ¿La prudencia?

La respuesta de Romero Hernández apunta a una integración: la inteligencia humana debe ser evaluada como una arquitectura compleja, viva y funcional. MINERVA-CI es, por ahora, una propuesta en construcción. Pero precisamente allí reside su interés: en abrir una conversación rigurosa sobre los límites del coeficiente intelectual tradicional y sobre la necesidad de pensar nuevas formas de medir aquello que nos permite comprender, decidir y actuar en el mundo.

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